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jueves, 2 de noviembre de 2017

Incertidumbre

Todo es tan incierto, 
hasta el mismo pasado que me precede, 
dudoso, trémulo. 
¿A qué hora despertara el ruiseñor? 
¿Duerme acaso?,
¿Practica sus cantos? 
o como yo en la intermitencia que desgasta a la noche, 

ni durmiente, ni vigilante, cansado.

viernes, 6 de octubre de 2017

Ven

El cansancio es mi manto esta noche, 
solo necesito una cosa, un gesto, 
la caricia adeudada, 
la palabra más sencilla, 
ven. 

sábado, 26 de agosto de 2017

Briscar

Irse a dormir y con suerte soñarte, 
nunca a tu lado, siempre contigo
y la aurora briscada de esperanza

habla de lo posible.  

martes, 3 de mayo de 2016

Habría que hacer una fiesta

Al Tío Amancio

Habría que hacer una fiesta en tu nombre,
si,
llenar la casa de arte,
pero ha de ser en una casa grande,
digna, soberbia,  impecable,
con infinitos rincones para leer interminablemente,
donde las paredes estén rebosantes de colores,
los fogones enamen olores eternos de buena mesa,
las parrandas tengan el canto afinado,
y  los abrazos sean inagotables.

Habría que hacer una fiesta,
para que el tintinear de las copas suene a agradecimiento,
donde todos vengan con una sonrisa amable a conversar de ti,
entonces, cuando la alegría llegue a su éxtasis total,
traemos la llama que todo lo purifica, acabamos todo y le prendemos fuego,
nos volvemos cenizas y regresamos al polvo de donde vinimos.

Te fuiste y me hiciste romper una promesa,
si, te fuiste,
y yo creo que habría que hacer una fiesta,
porque cuando los hombres fuertes se van,
la vida que dejan,
y la que los recibe, la eterna,
los festeja.


domingo, 1 de mayo de 2016

Tiempo

Tiempo, a mi qué me importa el tiempo
si solo en dos, tres, tal vez seis resquicios
mi rostro a cobijado tu rostro
y aun así te he sabido como yo misma,
tal vez desde los libros de historia,
o desde el tiempo
cuando éramos vacío, silencio,
nada y algún día,
aquel del mes primero.






jueves, 21 de abril de 2016

Obediencia

Ama al prójimo como a ti mismo -dijo el maestro-,
cómo he de cuestionarle, si te amo como amo a mi propio cuerpo,
aunque me seas ajeno como el hombre que camina por la acera del frente,
o que el vive en la casa de otra.

domingo, 17 de abril de 2016

Recíprocos.

Me muero, te renaces
Te ries, me lloro
Me lluevo, te secas
Te  tiemblas, me aquieto
Me callo, te hablas
Te huyes, me quedo
Me amalgamo, te fundes
Te pierdes, me busco
Me trago, te respiras
Te arrugas, me extiendo
Me ayuno, te alimentas
Te dueles, me alivio
Me duermo, te sueñas
Te miras, me ciego
Me sereno, te alertas
Te ordenas, me empantano,
Me alerto, te calmas,

Así,
disonantes en las cosas,
Y reciprocos en la vida,
te amo, me amas.

domingo, 27 de marzo de 2016

En todo y más

En las fotos de Saint Denis que otro tomó,
en la banca rota del parque,
en los café que simulan otros lares,
en las galerías donde no me acompañas,
en los cafés que no bebemos,
en las sesiones de música que nos perdemos,
en los libros que no te veo leer,
en los retratos a color.

Desde este lado,
desde este idioma.

En las viejas vías del tren que son camino,
en la risa de los niños que se escabullen de sus cuidadores,
en la bibliotecas repletas de libros,
en el perro que pasea con su amo,
en los paraguas con lluvia, 
en la mirada perdida de las mujeres desde los balcones,
en las mesas servidas sin comensales,
en el curioso murmullo de los museos.

Desde mis noches despierta,
desde mis días a solas.

en las puertas con postigo,
en los jardines que florecen en soledad,
en los carteles que me cambian la ruta,
en la canción de Navidad que suena a finales de marzo,
en las banderas desvencijadas,
en los bares que no abren los domingos,
en los gatos que odias,
en los duendes que se esconden,

incluso,
en estas vagas líneas,

en todo y más,
te extraño y te amo,
ambos,
con la misma fuerza. 

martes, 29 de octubre de 2013

Cincuenta Años


Ya  no se sí me ofreciste o pediste cincuenta años de vida juntos.

Cincuenta años,
Se leen rápido, a mi me parecen pocos,
y mientras tu me propones duplicarlos o hacerlos eternos,
yo me regodeo en risas pensando en esta vida tan descuidada, tan falta de sueño y de ti.

Medio siglo para leernos poemas de amor en la terraza,
cocinar platos extraños,
cambiar de país, de nacionalidad, de idioma,
discutir sobre el clima, la política o las forma en las que no nos besamos,
contar monedas, pagar deudas,  
o simplemente sorprendernos por el milagro de la vida y la muerte.

Diez lustros para hacer promesas, cumplirlas, romperlas, 
bailar boleros, mirarnos y dejar de mirarnos,
para dormir en una misma cama donde gatos y perros no pueden acompañarnos,
balancearnos en mecedoras,
amarnos, odiarnos, acariciarnos,  todo con la misma intensidad. 

Seiscientos meses para poblar una casa con niños que bailen y pinten en la estancia,
elegir platos que no compraremos, despedir a los amigos,
llorar, reír,
discutir sobre tus ambiciones o las ranuras del techo,
ignorarnos las arrugas, tus canas, mi mal genio. 

Dieciocho mil doscientos cincuenta días para...
desvelarnos y despertarnos haciendo el amor, o la guerra,
contemplarnos, darnos la espalda,
buscarnos, perdernos, encontrarnos,
orarle a Dios, pelearle a Dios,
descubrirnos, aburrirnos,
llenarnos de moho, de fotos, de recuerdos. 

Y aún sin saberlo, aquí están, aquí estoy, 
para dártelos o recibirlos, 
total,  
¿Cuanto pueden ser  cincuenta años amor mío?.  

lunes, 8 de abril de 2013

#YoSoyVenezolana



La semana  pasada recibí  una oferta laboral nueva, que posiblemente mejore mi calidad de vida, me alegré y agradecí a Dios por ello, sin embargo, la noche siguiente la alegría se me convirtió en reflexión y luego en llanto, un nutrido grupo de artistas me recordaron que #YoSoyVenezolana y la oferta que estaba recibiendo  había llegado  porque estaba en otro país, si,  llevo viviendo 6 años en otro país, a veces olvido que no estoy en casa.

En estos años he estado profundamente agradecida con Colombia, si, con ese vecino que cuando era niña nadie quería, el que todos mirábamos  con desdén y vergüenza,  ese país al que la guerra le ha costado sangre y dolor, pero que con la voluntad política de muchos ha logrado encaminarse y darle a sus ciudadanos un mejor  país para vivir, pero ese no es el tema que me atañe, el tema no es Colombia, el tema es Venezuela, por eso les quiero compartir algo de mi vida.

- Yo lo que quiero es zapatear -   le dije a mi mamá cuando regresábamos frustradamente de una prueba p ara ingresar a estudiar gimnasia artística, yo tenía unos cinco años, y es que cuando tienes esa edad  eso se traduce  en quiero bailar joropo,  en aquella época el flamenco no estaba de moda, así pues mis papás que me inscribieron en la Escuela de Danzas Yolanda Moreno. Pasaron once años, y en medio de mi admiración por Yolanda y su hermana Patricia, me gradué de bailarina de danza nacionalista en el otrora Sistema Nacional de Danzas,  es por eso que  ahora entiendo porque cuando estoy nostálgica de este lado de la frontera pongo a todo volumen un par de calipsos, un zangueo, una gaita negra o un joropo,  y  como dicen en mi tierra, cojo mínimo.

Pasó algún tiempo, crecí, me gradué de periodista y en el 2001 cuando ejercía en mi primer trabajo, entre disturbios y una larga jornada electoral  universitaria conocí al que fuera elegido ese día como presidente de la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad de los Andes en Mérida,  Tareck El Aissami, el actual Gobernador del estado Aragua, pero también conocí el peligro del ejercicio del periodismo, viví el miedo, sentí  balas atravesar patios y salones,  ese miedo algo cambió en mí, y por destino o desatino años después me dediqué a la publicidad, profesión que he ejercido hasta hoy.
En el año 2007 llegué a Colombia con la excusa de haber obtenido una beca para Especializarme en Gerencia de Mercadeo, buscaba un respiro a la situación en política que ya era palpante y evidente en Venezuela,  pensé que en 18 meses regresaría, pero antes del año en Venezuela ya habían cerrado RCTV, la cosa se estaba poniendo dura así que  decidí quedarme, explorar opciones y encontrar oportunidades, las hallé, y mi vida cambió, me convertí en inmigrante; y me llené de ausencias, el inasistente se hizo constante,  empecé a perderme la navidad con la familia, el cumpleaños con los amigos, la muerte  mi abuela, el nacimiento de mis sobrinos, la boda de los compañeros de siempre, en fin, empecé a perder mi vida en Venezuela, y eso no es chévere. 
De este lado de la frontera me reencontre con una de mis pasiones, la fotografía, volví a la universidad me compré una cámara y empecé a disparar, para algunos tengo talento, para otros no, pero ciertamente algunos locos me ha dado la oportunidad de exponer mis fotos y curiosamente la primera vez que lo hice  también fue en el extrajero, pero representando a Colombia, yo,  una venezolana era la cuota colombiana en esa colectiva en Europa,  y eso dolió, insisto, no es chévere. 
Luego de manejar varias marcas en Colombia, me entregaron el reto de sacar del anonimato la marca de la empresa Oficial de Correos de Colombia, y lo hice, con mi equipo pusimos a sonar a 4-72,  en los últimos dos años le enseñe a un país que su empresa entregaba lo mejor de sus sueños y sus proyectos, que estaba “entregando lo mejor de los colombianos”, y ese a hasta la fecha, ha sido mi logro profesional más importante, del que estoy muy orgullosa, luego de esto empecé a sentir que había encontrado mi lugar en Colombia,  a este punto y por fin algo me pareció chévere.
Hace un par de días recibí una llamada, me estaban ofreciendo manejar la campaña publicitaria de turismo del país,  que honor tan grande,  un gran proyecto que estaría feliz de sacar adelante,  pero por la noche me senté a través del Internet, como nos toca a los emigrantes, y vi repetición del acto que protagonizaron un nutrido grupo artistas venezolanos en apoyo a Henrique Capriles, y la alegría se me convirtió en llanto, y mientras los escuchaba y se me escurrían las lágrimas recordé que no solo soy publicista, sino que aún soy bailarina, fotógrafa y por encima de todo eso Soy venezolana, y me pregunté: ¿No debería estar yo creando campañas para decirle a lo  venezolanos que IPOSTEL entrega lo mejor o invitando al mundo entero a visitar Venezuela?  ¿No deberían estar firmadas  con un Venezolana todas mis fotos?.... Y llegó la respuesta: En Venezuela el correo no funciona, la infraestructura turística tampoco, los espacio de arte están limitados para los que se venden al gobierno y lo único que se publicita es odio hacia quien piensa diferente, entonces reafirmé mi posición y el 14 de abril El Flaco tiene mi voto, porque yo también quiero un cambio, una sola Venezuela y una ganas locas de volver por las oportunidades que se me quedaron pendientes hace seis años atrás, pero sobre todo, porque a mi  ese país aún duele y aunque esté lejos, tengo un eco que me retumba en el alma,  y... parafraseando a Gledys Ibarra repito “yo tengo un cartoncito plastificado que dice: #YoSoyVenezolana”. 

domingo, 21 de agosto de 2011

Desde Tierras Aztecas


Desde tierras aztecas donde no estoy pienso en vos y se me acaba el año, se me acaba el tiempo de tocarte, librarme del peso de no ser con vos. Me contengo y tal vez resucite el en el encuentro del abismo falso y vacío del sitio donde te me pierdes al pensarte.

Cerrado por Vacaciones



“Cerrado por vacaciones” dice el letrero que cuelga desde la oscura ventana.  Es de noche, la bombilla está maltrecha, pero se alcanza a leer “cerrado por vacaciones”.
Cuanto pueden durar este… ¿tiempo libre?, he regresado por aquí varias veces y el mensaje es el mismo, la casa está cerrada. 
El polvo invade los rincones,  ah es que también me he asomado de día y da igual, hay un silencio mortal, un abandono matizado de fuga;  lo sé, de aquí salieron sin avisar, huyendo de algo o de alguien.
¿Donde andarán mis entrañables compañeras?  Tan solas o tan borrachas de libertad como los espíritus burlones que se pasean entre callejones oscuros y cementerios, las necesito. ¡Regresen carajo! que en esta maltrecha y desordenada casa nada retoña si no están.
Me voy con la duda. He de volver en otras lunas.

jueves, 16 de junio de 2011

Te Vas

Hoy mi razonamiento es mas sencillo,
desaprensivo, y sin las carreras bastas que normalmente le agotan.
 Se me fueron las ganas, no quiero consultar en mi pasado cada incoherente o torpe palabra que me abrazó.
La ligereza del ambiente no le da cabida al pasional pensamiento que de vez en cuando te trae a mi. 
Hoy como una caricia de franca conformación me suelto del apego a tu espalda y a tus ojos profundos. 

Te veo volar, te vas. Yo me quedo.

sábado, 26 de junio de 2010

En Caída

Que me azote la duda,
que me cerque el maldito temor,
que se me confundan las ganas,
pero el coraje, ese que acampa en los hilos de mi piel
no recoja su tienda de campaña
porque ya salté, y voy del despeñadero al negro abismo.
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jueves, 10 de junio de 2010

Historias junto al mar

Cuentan que las historias junto al  mar  se  despeinan  cuando aparecen las  nostalgias  y la hamaca mecedora,  se exponen  solas, taciturnas, pensativas,  se dibujan con suspiros  y se  cargan de caricias que la arena le  robó a  otra piel. 
Cuentan  que  en las  historias  junto al  mar las palmeras  susurran  los  recuerdos, las olas furiosas  ocultan el desatino  y las ballenas presumidas  son como las buenas palabras sólo se asoman  cuando les provoca.
Cuentan que las  historias junto al mar  se olvidan en la  contemplación, se pierden en los crepúsculos  y se juran una  sola  noche para que todo lo que queda de ellas se lave en la sal. 

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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Esa de allá…

A través de ti le di la bienvenida y la despedida a muchos pero no puedes saberlo porque no hablas ni tienes memoria. Tu que pareces tan fría y lejana has sido la más cálida y entrañable compañera.

Lástima que no tengas recuerdos, podríamos conversar de las tantas veces que resguardaste las ingenuas notas de amor que me dejaba aquel escurridizo niño, o de las desgarradoras escenas que protagonizaba en tus brazos cada tarde al ver partir a mi primer amor.

En la edad escolar me esperabas y te asegurabas que estuviera resguardada daba igual si el sol era inclemente o te empapaba el más torrencial aguacero, no me fallabas, estabas siempre allí, protectora.

Que bueno sería que como dos íntimas amigas habláramos de los personajes que con ayuda de tu hermético amigo sonoro anunciaban su llegada, como aquel que una noche se apareció con todo para una cena que luego los nervios no le dejaron comer, o ese otro que cada cuanto al sentirse solo le daba por llegar a ti y casi a golpes te exigía que me llevaras a su encuentro.

Sigo insistiendo, no es justo que no tengas memoria, así podríamos recordar sonrientes el suspiro que inspiraba ese bonito espécimen que me llevaba como caballero andante a tu regazo cada fin de año.

Tu la siempre pulcra, la vestida de blanco, la inmaculada fuiste testigo de tantas cosas que tendrías historias para contar en libros, pero supongo que aún sigues allí inamovible, silenciosa, discreta.

¡Que buena vaina amiga mía! que por ser sólo la metálica puerta del zaguán en la vieja casa materna ignores esta extraña melancolía que es por vos y sólo por vos…

Ve

Puedes perderte entre las nubes y entre los poros del papel,
o si lo prefieres,
en el sudor que sale de mis dedos mientras construyo estas líneas.
Buen viaje, ¡excelente viaje!,
Ve y desperdíciate,
extravía el tiempo, los rumbos y tus jóvenes ideas,
lárgate como se van al cielo las gotas que se evaporan al cesar la lluvia.
¿Le encontraste miedo al andar sin rumbos y caminar en círculos?
revuélcate en lo imposible, en lo insalvable, llénate de hastío,
cólmate de enormes y rotundas lágrimas hasta que parezcan verdadero llanto.
Confúndete de gozo, extravíate en la risa,
convérsale a las palmas de las manos y a la planta de tus pies,
y las pestañas,
y al ojo con el que miras la ventana por la que ya no te asomas;
borra de la memoria las palabras no dichas,
fatígate de los delirios,
y cuando agotado no puedas arrastrar ni una migaja del pan que se endureció en la mesa
regresa a este desorden donde se reconcilia la vida.

lunes, 15 de junio de 2009

Compañero

He decidido usar tu cepillo de dientes, y es que me da una pena verlo solo allí junto a la jabonera, si, allí donde lo dejabas cada noche luego de tu extenso ritual de limpieza.

Lo he empezado a usar para que nos hagamos compañía, por lo menos frente al lavamanos somos dos y nos volvemos casi uno cuando lo pongo en mi boca y lo restriego para sacar las impurezas que se instalan en cada rincón, luego lo regreso a su sitio y volvemos a quedarnos solos, el en baño y yo el la sala, en el estudio o normalmente el cuarto.

Quiero convencerme que quizás usándolo el sabor de tu boca se quedará en la mía por una vez más, o tal vez el que tantas veces te ocupó guarde los secretos que no me contaste, es más, creo que si soy buena con el y mantengo mis visitas un par de veces al día, hablará, me los contará y entenderé por que no has vuelto.

No se si sea una locura más de las mías pero se que más tarde o más temprano lograré que te traicione y me cuente algunas cosas, lo único que me preocupa es que me diga que con tanta agua y jabón se le borraron los recuerdos y no sabe nada ti, pero está convencido de que también te extraña.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Paseo Melodioso

Con extraña nostalgia melomanita desarchivé esta mañana los recuerdos de la patria.
Escuchando joropos comencé mi viaje en el llamo, que recio y madrugador me animó con arpa cuatro y maracas y un seis por derecho y un contrapunteo para terminar arrullándome con las bellas tonadas que hablan de la Luna llena o de su menguante proceso que les da a los llaneros una compañía serena.
En la capital musical salte al Seis Figureao y a La Bella del Tamunangue, porque para bailar La Batalla no tenia los arrieros, me quedé en la zona y con “La Guerra de los Vargas que en la montaña empezó por una vaquita flaca” dancé paso a paso en mi me memoria el recuerdo de la coreografía de aquel Golpe Tocuyano.
En busca del frío refrescante de las montañas andinas me pasee extasiada entre valses y bambucos, y guardando en la memoria la vista del imponente nevado Pico Bolívar me fui camino al calor falconiano, y allí disfruté con sus Tambores Veleños que repican como las caderas de las negras que al compás del cuero mueven su esbeltez envueltas en un olor a mar y pescado fresco.
La costa caribe me recibió con sudor, bellas voces negroides y cantos de sirena, luego al son del Cumaco y un buen sangueo celebré “Con banderas de colores” a San Juan Bautista. ¡Que sabroso! es escuchar repiquetear de esos tambores rememoran la herencia esclava y africana que de legado nos dejó, ritmo y sabor para jamás olvidarlas, Cata, Cuyagua y Choroní.
En oriente me encontré con los pescadores y de sus atarrayas enredadas sacaron cuatros, guitarras, bandolas… y, entre polos, malagueñas y galerones le cantaron al amor, al mar azul y al horizonte infinito. Reconfortada con tan dulces melodías decidí darle gozo el cuerpo y me fui al sur con sus hermosos tepuyes y alegres mineros que me recibieron en el Callao con el alegre y pegajoso Calipso. En el siempre carnavalesco Callao las hermosas Madamas con sus trajes multicolores y floridos, los diablos rojos, sus amenazantes máscaras y los medios pintos maquillados de betún me envolvieron en esa herencia antillana que se canta en papiamento y se baila con el alma recordando a “Isidora” y a una “Guayana que es rica en oro, hierro y mujer”.
De regreso al centro ya en la Gran Caracas, la de los techos rojos, me senté a los pies del Avila y una retreta armonizó mi estadía con merengues que hablaban de una tal “Carmen la que contaba diez y seis años.”
Creo que tanta melancolía es sencilla necesidad del terruño, y con gran afán de recorrer el país llegué a mi occidente venezolano pa’ quedarme, en mi tierra, el Zulia. Entre fotos de la Plaza Baralt y la Calle Carabobo me imaginé como "va cantando el pregonero vendiendo su merancía" así como Rafael Rincón lo vió y me sentí la “Reina” de la contradanza pensando en los amores de vals de “Natalia”.
Corriendo me fui a las riberas del lago a ver al Catatumbo tan misterioso y peculiar y terminé bailando con mi saya al son del Chimbaguele y abrazada con Juan de Dios que me decía al oido: “San Benito lo que quiere es que lo bailen las mujeres”, y pa’ cumplirte la petición un trago de ron ¡Salud mi santo negro!.
En lo mío me detengo y acá canto y bailo todo lo que a bien evoco, desde la gaita perijanera con sus culebras, enredos, y su alegre y bravío grito de guerra “eh, eh, eh, eh, ehhh vaaa”, hasta la gaita tambora que me recuerda “Que los ojitos de Lucía parecen dos para paras”.
Entre Bambucos y danzas pensé de nuevo en mi “Maracaibo Florido” que fue primero de Armando Molero, pero de cualquier modo mía, como diría Udón “yo te llamo con voces del alma, mía, a boca llena, Maracaibo mía”; ahora no se si con más anhelo de la tierra que antes, me arrodillé frente a “La China”* y tareé la “Grey Zuliana”, para monumentalmente ponerle fin a mi viaje por el cántico, la melodía y baile de mi pequeña Venecia.


*“La China” llamamos cariñosamente los zulianos a la Virgen de Chiquinquirá, nuestra patrona.

lunes, 25 de febrero de 2008

Escribo Cartas

Escribo cartas que nunca termino,
Misivas que hablan de amor y malquerencia,
De malquerencia y amor.
No he puesto el primer punto ni te he llamado mi vida
y ya hay lágrimas que se asoman,
pero importa, no hay quien las mire,
Y aunque los escasos rayos de luna logran entrar por mi estrecha ventana,
no hay luz de pupilas que las contemple.
Las teclas hacen ruido y aunque quieran no logran distraerme,
Soy conciente, pienso en ti.

Estaba por contarte algo,
Por decirte del silencio lo que mi sonrisa oculta.
Y es por libre que he ido al calvario,
por mi ego a tu olvido,
por el silencio a la ignorancia
y por tonta siempre a ti.

Hago una nueva pausa.
Tanto papel gastado que no da tregua,
que se acumulan como las palabras,
pero que no llegan, no te llegan.

Y si te lo cuenta el viento?
el lo sabe todo, se lo grité desde mi ventana,
antes de estar aquí, desde el patio de me mi casa;
en su virtud de estar y escuchar,
de llevarse palabras en sus brazos de soplar,
desde mi sur al norte donde te encuentras,
que paradójicamente también es tu sur.

Como te callo,
si hasta el silencio que prometió no nombrarte,
prefirió morir con una voz que acariciara tu nombre.
Si no lo logró aquel que le cantó a un ausente,
que por una argumento de género y tiempo, podría jurar que eres tú.

Escribo pa’ confesarte que en los supuestos de mi condena,
sabrías de mis entrañas,
de mi corazón que es cabeza y viceversa,
donde brota y se acumula la rara virtud de la paciencia,
que consuela leyendo entre líneas los vestigios de tus palabras.

Anoche hable de ti,
le conté a algún amigo lo nuestro, o mejor dicho, lo mío,
porque es mío.
En mis muy maquilladas palabras, solo hablé de lo aparente,
de lo pasajero, de lo que no tiene importancia,
lo que no desnuda mi alma ,que no me compromete,
para salvarme y salvarte.

Escribo cartas, cartas sin destinatario,
que me recuerdan la madrugada enero que te trajo a mí,
a esta bendita desgracia de amarte sin sentido,
la desgracia del amor sin ti.