No hay en las casa revueltas del pueblo un solo llanto que me recuerde tu voz,
quizás porque nunca lo hiciste,
me has herido con tu negativa de arribo,
te has escondido tras los insolubles peldaños de la vida,
escabullido como ratero de buena estirpe,
tal vez no lo sabes,
tal vez no importa,
tal vez si los sabes, pero no te importa,
es que con tu ausencia la le niegas la prolongación a mi carne,
ya blanqueada de toda perfección me miro al espejo,
y verso,
y divago,
en las desperdiciadas horas en la que te he buscado,
lastimándome como espina oculta en la planta del pie,
siempre allí, nunca aquí,
basta,
ya he martillado el recuerdo de la jamás bienvenida.
Aquí hay "De Todo Como en Botica"... de lo que veo y no puedo ver, de lo que oigo y escucho, y mucho de lo que no entiendo y me desconcierta.
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martes, 15 de noviembre de 2016
sábado, 23 de enero de 2016
Escribir para...
Drenar, exorcizar, tamizar,
dibujar frases con el excelso misterio del idioma
llorar con las letras tristes o bailar con la alegres,
en el caso de que las letras tengan emociones.
Mentir, jurar, bendecir,
contar verdades o matizar con pletoricas palabras el amor,
simular disparates elocuentes,
moldear leyes, replicas, sentencias.
Historiar, ficcionar, cartear,
pintar lapidarias negativas o sortear el insomnio,
apasiguar la mudez,
componer canciones, poemas, ensayos.
Revelar, anunciar, pronosticar,
solicitar medicinas que solo farmacéuticos y boticarios
entenderán,
dejar recados o notas de adios,
Pretender
inteligencia, elocuencia, sapiencia.
Complicar, confundir emarañar,
versear las calles y paisajes que se le niegan a los ciegos,
describir el olor a lluvia,
publicar noticias, opiniones, mentiras.
Escribir
Simplemente
para ti,
para mi,
para los dos.
lunes, 8 de abril de 2013
#YoSoyVenezolana
La semana pasada recibí una oferta laboral nueva, que posiblemente mejore mi calidad de vida, me alegré y agradecí
a Dios por ello, sin embargo, la noche siguiente la alegría se me convirtió en
reflexión y luego en llanto, un nutrido grupo de artistas me recordaron que
#YoSoyVenezolana y la oferta que estaba recibiendo había llegado
porque estaba en otro país, si, llevo viviendo 6 años en otro
país, a veces olvido que no estoy en casa.
En estos años he estado
profundamente agradecida con Colombia, si, con ese vecino que cuando era niña
nadie quería, el que todos mirábamos con desdén y vergüenza, ese país
al que la guerra le ha costado sangre y dolor, pero que con la voluntad política
de muchos ha logrado encaminarse y darle a sus ciudadanos un mejor país
para vivir, pero ese no es el tema que me atañe, el tema no es Colombia, el
tema es Venezuela, por eso les quiero compartir algo de mi vida.
- Yo lo que quiero es
zapatear - le dije a mi mamá cuando regresábamos frustradamente de
una prueba p ara ingresar a estudiar gimnasia artística, yo tenía unos cinco años,
y es que cuando tienes esa edad eso se traduce en quiero bailar
joropo, en aquella época el flamenco no estaba de moda, así pues mis papás
que me inscribieron en la Escuela de Danzas Yolanda Moreno. Pasaron once años, y en medio de mi admiración por Yolanda y su hermana Patricia, me
gradué de bailarina de danza nacionalista en el otrora Sistema Nacional de
Danzas, es por eso que ahora entiendo porque cuando estoy nostálgica
de este lado de la frontera pongo a todo volumen un par de calipsos, un
zangueo, una gaita negra o un joropo, y como dicen en mi tierra,
cojo mínimo.
Pasó algún tiempo, crecí, me
gradué de periodista y en el 2001 cuando ejercía en mi primer trabajo, entre
disturbios y una larga jornada electoral universitaria conocí al que
fuera elegido ese día como presidente de la Federación de Centros de
Estudiantes de la Universidad de los Andes en Mérida, Tareck El Aissami,
el actual Gobernador del estado Aragua, pero también conocí el peligro del
ejercicio del periodismo, viví el miedo, sentí balas atravesar
patios y salones, ese miedo algo cambió en mí, y por destino o desatino años
después me dediqué a la publicidad, profesión que he ejercido hasta hoy.
En el año 2007 llegué a
Colombia con la excusa de haber obtenido una beca para Especializarme en
Gerencia de Mercadeo, buscaba un respiro a la situación en política que ya era
palpante y evidente en Venezuela, pensé que en 18 meses regresaría, pero
antes del año en Venezuela ya habían cerrado RCTV, la cosa se estaba poniendo
dura así que decidí quedarme, explorar opciones y
encontrar oportunidades, las hallé, y mi vida cambió, me convertí en
inmigrante; y me llené de ausencias, el inasistente se hizo constante,
empecé a perderme la navidad con la familia, el cumpleaños con los amigos, la
muerte mi abuela, el nacimiento de mis sobrinos, la boda de los compañeros
de siempre, en fin, empecé a perder mi vida en Venezuela, y eso no es chévere.
De este lado de la frontera
me reencontre con una de mis pasiones, la fotografía, volví a la universidad me
compré una cámara y empecé a disparar, para algunos tengo talento, para otros
no, pero ciertamente algunos locos me ha dado la oportunidad de exponer mis
fotos y curiosamente la primera vez que lo hice también fue en el extrajero,
pero representando a Colombia, yo, una venezolana era la cuota colombiana
en esa colectiva en Europa, y eso dolió, insisto, no es chévere.
Luego de manejar varias
marcas en Colombia, me entregaron el reto de sacar del anonimato la marca de la
empresa Oficial de Correos de Colombia, y lo hice, con mi equipo pusimos a
sonar a 4-72, en los últimos dos años le enseñe a un país que su empresa
entregaba lo mejor de sus sueños y sus proyectos, que estaba “entregando lo
mejor de los colombianos”, y ese a hasta la fecha, ha sido mi logro profesional
más importante, del que estoy muy orgullosa, luego de esto empecé a sentir que
había encontrado mi lugar en Colombia, a este punto y por fin algo me
pareció chévere.
Hace un par de días recibí una
llamada, me estaban ofreciendo manejar la campaña publicitaria de turismo del
país, que honor tan grande, un gran proyecto que estaría feliz de
sacar adelante, pero por la noche me senté a través del Internet, como
nos toca a los emigrantes, y vi repetición del acto que protagonizaron un
nutrido grupo artistas venezolanos en apoyo a Henrique Capriles, y la alegría
se me convirtió en llanto, y mientras los escuchaba y se me escurrían las lágrimas
recordé que no solo soy publicista, sino que aún soy bailarina, fotógrafa y por
encima de todo eso Soy venezolana, y me pregunté: ¿No debería estar yo creando
campañas para decirle a lo venezolanos que IPOSTEL entrega lo mejor o
invitando al mundo entero a visitar Venezuela? ¿No deberían estar
firmadas con un Venezolana todas mis fotos?.... Y llegó la respuesta: En
Venezuela el correo no funciona, la infraestructura turística tampoco, los
espacio de arte están limitados para los que se venden al gobierno y lo único
que se publicita es odio hacia quien piensa diferente, entonces reafirmé mi
posición y el 14 de abril El Flaco tiene mi voto, porque yo también
quiero un cambio, una sola Venezuela y una ganas locas de volver por las oportunidades que se me quedaron pendientes
hace seis años atrás, pero sobre todo, porque a mi ese país aún
duele y aunque esté lejos, tengo un eco que me retumba en el alma, y... parafraseando
a Gledys Ibarra repito “yo tengo un cartoncito plastificado que dice: #YoSoyVenezolana”.
domingo, 21 de agosto de 2011
"I"
Inverosímil, la condura que juega al descalabro del orden de las cosas,
Inexorable, porque no atiendes mis ruegos silenciosos,
Irremediable, sol que bronceas mi piel en verano,
Incontenible, cada palabra que brota su boca,
Impecable, cada línea de tu rostro,
Inexplicable, el odio que hiere la paz de lo sagrado,
Insoportable, la obligación de olvidar,
Irreparable, la brecha que te separa,
Imposible, vos.
jueves, 26 de agosto de 2010
Habría que aprender
Habría que aprender a renunciar, a perder la esperanza en los perdidos, a dejar pasar la luz cuando nos encandila el sol.
Habría que aprender a huir, de los ríos con furia y las borrascas anunciadas, a correr mientras se pueda salvar algo.
Habría que aprender a comer de lo que nos alimenta las ideas y nos revuelve los conceptos, a engullir todo lo que a su paso nos deje plenos.
Habría que aprender a desaprender del miedo, a olvidar esos instantes de petrificación donde no se modula palabra y el tren se va.
Habría que aprender a no olvidar las palabras dichas, a no usar las infinitas letras para pronunciar promesas que jamás habrán de cumplirse.
viernes, 24 de abril de 2009
Contemporáreo
Con todo lo que nos ha regalado la tecnología, los amigos, los enemigos, los despechados, los enamorados e incluso, lo que no saben en que estado están se pueden enviar a través de un aparatejo mensajes sms, emails, correo de voz, en fin, información, por ejemplo a mí, hace poco alguien valiéndose de la tecnología me envió un mensaje que decía: “ te envío un abrazo a plazos y un beso ultramarino”, la verdad sólo entendí la mitad del mensaje, es decir los objetos si, pero los adjetivos no, cuando solicité alguna explicación me contestaron, tómalo como arte contemporáneo, y he allí mi problema.
¿Qué supone la contemporaneidad?, a ¿qué se le otorga el compendio de toda esta extensa palabra?, ¿en cuál periodo se le ubica?, ¿qué la contiene?, o por el contrario ¿qué contiene?, ¿cuál elemento sobre natural la hace adjetivo de algo más?, en fin, ¿será que lo contemporáneo es tan complejo que necesita ser exquisitamente extraño, para poder definirse en si mismo?.
Recientemente visité el MUAC, el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad de México, un paseo que llegó inesperadamente y se convirtió en el padre e inspirador de toda esta angustiante reflexión.
Cuando se me habla de arte recuerdo los dos parámetros de estudio de la estética, la esencia y la percepción, sin embargo todo se complica cuando entra al partido el objeto de estudio, la belleza en el arte.
Si bien es cierto que en la tradición cristiana se nos ha dicho que Dios nos otorgó el libre albedrío, aunque esta creencia también tiene implicaciones, éticas, psicológicas y hasta científicas, de cualquier modo nuestro libre albedrío nos da el poder de elegir y tomar nuestras propias decisiones, entre ellas las de decidir si algo es bello o no, y entendido de ese modo, creo que las normas de la estética contemporánea me causan distorsión.
Me pregunto, ¿será que mi nivel de percepción y asimilación de las artes plásticas se quedó enmarcado en las líneas perfectamente construidas?, ¿en la armonía de los volúmenes y los espacios?, ¿tal vez en la contrastación de los colores?, o será que soy limitada y mi libre albedrío sólo me deja percibir algunas cosas, porque esto también me pasa con la música, no lo sé, o es quizás que mi restringido campo de experiencia no puedo ver la belleza en algunas cosas.
En todo caso, alguien me puede explicar como un Anubis ( Dios egipcio encargado de guiar al espíritu de los muertos al "otro mundo”) de plástico e inflado, colgado de una polea sobre una pesa acompañado de un peluche con figura de cachorrito tenido de pintura plateada bajo la técnica de los brochazos dispares es una obra de arte costosísima expuesta en un museo de alto nivel y con un precio exorbitante. No me imagino al “Dios de los Muertos” parqueado en un parque, oficina o peor aún en la sala de una casa mostrando todo su esplendor de polietileno.
En mi visita al MUAC si algo sorprendió y desencajó completamente mi estructura de percepción, fue el montaje del artista Miguel Ventura, una especie de laberinto delirante titulado Cantos Cívicos. Se trata de una instalación donde el rojo, amarillo y negro ornamentan pasillos y recovecos que lo llevan hasta un segundo piso donde hay un laboratorio con ratas vivas, sin embargo lo que llama la atención son la imágenes expuestas en sus paredes que bajo un efecto disonante me mostró un mamotreto al que aún no le encuentro explicación.
A la entrada del montaje unas líneas explicaban que era una crítica a los regímenes totalitarios, sin embargo a mí me pareció un todo sin nada, una parafernalia de fotografías nazis que de pronto decantan en un collage de fotografías eróticas para encontrar a unos pasos muestras de penes erectos, figuras de ratas en el piso y vasijas con excremento y símbolos de la SS, para al final ser una obra con un gran espacio, en una importante recinto, que pretende convertirse en una gran obra plástica y que a mí me dejó un gran sin sabor intelectual.
Que me perdonen los artistas, pero esto no es una crítica convencional, ni más faltaba, es una reflexión natural a mi escasa comprensión y a lo incomprensible que se me ha convertido el arte contemporáneo, al cual pocos tienen acceso, otros pagan por tenerlo, y muchos como yo no lo entendemos.
¿Qué supone la contemporaneidad?, a ¿qué se le otorga el compendio de toda esta extensa palabra?, ¿en cuál periodo se le ubica?, ¿qué la contiene?, o por el contrario ¿qué contiene?, ¿cuál elemento sobre natural la hace adjetivo de algo más?, en fin, ¿será que lo contemporáneo es tan complejo que necesita ser exquisitamente extraño, para poder definirse en si mismo?.
Recientemente visité el MUAC, el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad de México, un paseo que llegó inesperadamente y se convirtió en el padre e inspirador de toda esta angustiante reflexión.
Cuando se me habla de arte recuerdo los dos parámetros de estudio de la estética, la esencia y la percepción, sin embargo todo se complica cuando entra al partido el objeto de estudio, la belleza en el arte.
Si bien es cierto que en la tradición cristiana se nos ha dicho que Dios nos otorgó el libre albedrío, aunque esta creencia también tiene implicaciones, éticas, psicológicas y hasta científicas, de cualquier modo nuestro libre albedrío nos da el poder de elegir y tomar nuestras propias decisiones, entre ellas las de decidir si algo es bello o no, y entendido de ese modo, creo que las normas de la estética contemporánea me causan distorsión.
Me pregunto, ¿será que mi nivel de percepción y asimilación de las artes plásticas se quedó enmarcado en las líneas perfectamente construidas?, ¿en la armonía de los volúmenes y los espacios?, ¿tal vez en la contrastación de los colores?, o será que soy limitada y mi libre albedrío sólo me deja percibir algunas cosas, porque esto también me pasa con la música, no lo sé, o es quizás que mi restringido campo de experiencia no puedo ver la belleza en algunas cosas.
En todo caso, alguien me puede explicar como un Anubis ( Dios egipcio encargado de guiar al espíritu de los muertos al "otro mundo”) de plástico e inflado, colgado de una polea sobre una pesa acompañado de un peluche con figura de cachorrito tenido de pintura plateada bajo la técnica de los brochazos dispares es una obra de arte costosísima expuesta en un museo de alto nivel y con un precio exorbitante. No me imagino al “Dios de los Muertos” parqueado en un parque, oficina o peor aún en la sala de una casa mostrando todo su esplendor de polietileno.
En mi visita al MUAC si algo sorprendió y desencajó completamente mi estructura de percepción, fue el montaje del artista Miguel Ventura, una especie de laberinto delirante titulado Cantos Cívicos. Se trata de una instalación donde el rojo, amarillo y negro ornamentan pasillos y recovecos que lo llevan hasta un segundo piso donde hay un laboratorio con ratas vivas, sin embargo lo que llama la atención son la imágenes expuestas en sus paredes que bajo un efecto disonante me mostró un mamotreto al que aún no le encuentro explicación.
A la entrada del montaje unas líneas explicaban que era una crítica a los regímenes totalitarios, sin embargo a mí me pareció un todo sin nada, una parafernalia de fotografías nazis que de pronto decantan en un collage de fotografías eróticas para encontrar a unos pasos muestras de penes erectos, figuras de ratas en el piso y vasijas con excremento y símbolos de la SS, para al final ser una obra con un gran espacio, en una importante recinto, que pretende convertirse en una gran obra plástica y que a mí me dejó un gran sin sabor intelectual.
Que me perdonen los artistas, pero esto no es una crítica convencional, ni más faltaba, es una reflexión natural a mi escasa comprensión y a lo incomprensible que se me ha convertido el arte contemporáneo, al cual pocos tienen acceso, otros pagan por tenerlo, y muchos como yo no lo entendemos.
domingo, 16 de marzo de 2008
A la entrada o a la salida
A lo largo de mis casi treinta he escuchado muchas veces aquella frase que dice “Colombiano que no la hace a la entrada, la hace a la salida”, y para ser sincera en los últimos cinco creo que sólo un par de veces de las cuales recuerdo una muy clara de mi ex jefa en la agencia de publicidad donde trabajaba. Hoy con suprema vergüenza la he vuelto a escuchar de otra venezolana, y tengo que decir que nunca me sentí tan indignada y enfadada como lo estoy en este momento, sobre todo porque la ví expuesta y difundida en un medio de comunicación venezolano, debo aclarar que lo han hecho a manera de crítica, pero eso no me consuela, definitivamente estoy cabreada, o para decirlo en perfecto maracucho, estoy ¡Arrecha!.
Soy hija de un colombiano que tiene cincuenta años viviendo en Venezuela, mi cuna, el país que me vio nacer y en el cual crecí con profundo orgullo, y qué con eso?, pues… que por ley, naturaleza, o lo que sea, soy colombo-venezolana, aunque con una tímida sonrisa recuerdo que de niña y no tan niña, con firme convicción solía decirle a mi padre “yo de colombiana sólo tengo una gotita de sangre”, definitivamente rechazaba la idea de ser parte del pueblo neogranadino, creo que me vendieron a Colombia como una cosa terrible, o quizás fue porque mi adolescencia coincidió con el auge de la guerrilla y los capos de la droga.
La vida definitivamente es muy rara, y como dicen por allí da muchas vueltas, tantas que hoy en día Colombia se ha convertido en mi casa, en mi hogar, que cosas no? bien reza el dicho popular “el que escupe pa’ arriba le cae la saliva”. Hace un año que vivo en Bogotá y, aunque soy de las que piensa que, tu casa es tu casa y fuera de ella siempre eres un extranjero, debo reconocer que acá me he sentido abrazada por el afecto de la gente que he conocido, no digo que haya sido fácil, pero más allá de las frías calles de la ciudad y los remilgos rolos a los que ya me he acostumbrado, puedo afirmar ¡me siento como en casa!, claro guardando las distancias que bien existen entre Bogotá y Maracaibo.
Yo me pregunto, ¿conoces a un colombiano? Y no lo digo por mi padre, por quien tengo una admiración especial, alguien me dijo hace poco que es medio “Edipo” mi amor hacia el, pero, más allá de ese sentimiento están: mi amigo Sinar Alvarado que habiendo nacido en Colombia es más maracucho que la gaita y es un brillante y prominente periodista y escritor, Marina la esposa de mi tío Humberto que ha sido una abnegada trabajadora y excelente madre, Angelita de Graterol, una mujer entregada a su familia y encausada en las obras sociales entre ellas las mujeres de la Cárcel de Sabaneta, El Sr. Contreras, quien fue un hombre de empresas que prefirió invertir y trabajar en Venezuela dándole a sus hijos un futuro mejor y que ¡buen futuro!, y así una larga lista de personas que se dieron la oportunidad de adoptar la nacionalidad venezolana de corazón, a todos ellos les mantendré mi afecto y respeto por ser personas que de entrada y salida han sabido ser buenos venezolanos.
No se de donde salió esa frase tan chocante y que por obvias razones no quiero repetir, lo que si tengo muy claro es el poco fundamento que tiene. Seamos sensatos, en todas partes del mundo hay gente buena y mala, todo depende de los ojos con los que se mire, por lo que discriminar o generalizar no son buenas prácticas; en todo caso, que tengo yo cómo venezolano que me hace mejor que un colombiano o un peruano, o un africano, la verdad no lo sé, en todo caso no creo que haya respuesta.
Desde que estoy de este lado de la frontera he entendido muchas cosas de las que afectan a este país; luego de digerirlas día tras día por un año creo que hasta me he ganado el derecho de hablar con propiedad de ellas, sin embargo eso no es lo que me ataja en este momento, me mueve ese sentimiento de hermandad o pertenencia que tal vez me embarga, el agradecimiento a un país que me tendió la mano, he me ha dado cobijo y que entre su gente me ha demostrado que donde quiera que se vaya hay que estar orgulloso de la patria, defenderla con el alma porque es el arma más poderosa con la que se cuenta y a estar seguro que el haber nacido de este lado de la raya no me hace mejor que nadie, pero tampoco me hace peor.
Luego de los marabinos, no conozco gente más regionalista que la colombiana, vanidosa de su esencia y presuntuosa de sus tradiciones, gente que no ha vendido su naturaleza latinoamericana, ni sus raíces indígenas o negras, que no se ha doblegado ante la adversidad y que ante todo se siente grande al decir nací en Colombia, y si para tener ese sentimiento por la patria o ese amor por la tierra hay que hacerse colombiano, bendito sea el día en que mi padre cruzo la frontera y me regaló por naturaleza y por herencia la oportunidad de decir que también ¡soy una hermana colombiana!.
Esto lo escribí pensando en, Eric Reyes, Ledy Aranguren, Arley Florez, Diana Maloof, Mauricio Ceballos, Andrés Londoño, Sandra Botero, Alba Ibarra, Juan Carlos Botero, Rina Rebollo, Germán Ortegón, Jaime Angel, Don Ivan, Doña Flor, Oscar Guerrero, María Marta, Robin Rada, y otros tantos que con su afecto, solidaridad, y autenticidad, me han mostrado una patria enorme y sincera de la cual también estar orgullosa.
Soy hija de un colombiano que tiene cincuenta años viviendo en Venezuela, mi cuna, el país que me vio nacer y en el cual crecí con profundo orgullo, y qué con eso?, pues… que por ley, naturaleza, o lo que sea, soy colombo-venezolana, aunque con una tímida sonrisa recuerdo que de niña y no tan niña, con firme convicción solía decirle a mi padre “yo de colombiana sólo tengo una gotita de sangre”, definitivamente rechazaba la idea de ser parte del pueblo neogranadino, creo que me vendieron a Colombia como una cosa terrible, o quizás fue porque mi adolescencia coincidió con el auge de la guerrilla y los capos de la droga.
La vida definitivamente es muy rara, y como dicen por allí da muchas vueltas, tantas que hoy en día Colombia se ha convertido en mi casa, en mi hogar, que cosas no? bien reza el dicho popular “el que escupe pa’ arriba le cae la saliva”. Hace un año que vivo en Bogotá y, aunque soy de las que piensa que, tu casa es tu casa y fuera de ella siempre eres un extranjero, debo reconocer que acá me he sentido abrazada por el afecto de la gente que he conocido, no digo que haya sido fácil, pero más allá de las frías calles de la ciudad y los remilgos rolos a los que ya me he acostumbrado, puedo afirmar ¡me siento como en casa!, claro guardando las distancias que bien existen entre Bogotá y Maracaibo.
Yo me pregunto, ¿conoces a un colombiano? Y no lo digo por mi padre, por quien tengo una admiración especial, alguien me dijo hace poco que es medio “Edipo” mi amor hacia el, pero, más allá de ese sentimiento están: mi amigo Sinar Alvarado que habiendo nacido en Colombia es más maracucho que la gaita y es un brillante y prominente periodista y escritor, Marina la esposa de mi tío Humberto que ha sido una abnegada trabajadora y excelente madre, Angelita de Graterol, una mujer entregada a su familia y encausada en las obras sociales entre ellas las mujeres de la Cárcel de Sabaneta, El Sr. Contreras, quien fue un hombre de empresas que prefirió invertir y trabajar en Venezuela dándole a sus hijos un futuro mejor y que ¡buen futuro!, y así una larga lista de personas que se dieron la oportunidad de adoptar la nacionalidad venezolana de corazón, a todos ellos les mantendré mi afecto y respeto por ser personas que de entrada y salida han sabido ser buenos venezolanos.
No se de donde salió esa frase tan chocante y que por obvias razones no quiero repetir, lo que si tengo muy claro es el poco fundamento que tiene. Seamos sensatos, en todas partes del mundo hay gente buena y mala, todo depende de los ojos con los que se mire, por lo que discriminar o generalizar no son buenas prácticas; en todo caso, que tengo yo cómo venezolano que me hace mejor que un colombiano o un peruano, o un africano, la verdad no lo sé, en todo caso no creo que haya respuesta.
Desde que estoy de este lado de la frontera he entendido muchas cosas de las que afectan a este país; luego de digerirlas día tras día por un año creo que hasta me he ganado el derecho de hablar con propiedad de ellas, sin embargo eso no es lo que me ataja en este momento, me mueve ese sentimiento de hermandad o pertenencia que tal vez me embarga, el agradecimiento a un país que me tendió la mano, he me ha dado cobijo y que entre su gente me ha demostrado que donde quiera que se vaya hay que estar orgulloso de la patria, defenderla con el alma porque es el arma más poderosa con la que se cuenta y a estar seguro que el haber nacido de este lado de la raya no me hace mejor que nadie, pero tampoco me hace peor.
Luego de los marabinos, no conozco gente más regionalista que la colombiana, vanidosa de su esencia y presuntuosa de sus tradiciones, gente que no ha vendido su naturaleza latinoamericana, ni sus raíces indígenas o negras, que no se ha doblegado ante la adversidad y que ante todo se siente grande al decir nací en Colombia, y si para tener ese sentimiento por la patria o ese amor por la tierra hay que hacerse colombiano, bendito sea el día en que mi padre cruzo la frontera y me regaló por naturaleza y por herencia la oportunidad de decir que también ¡soy una hermana colombiana!.
Esto lo escribí pensando en, Eric Reyes, Ledy Aranguren, Arley Florez, Diana Maloof, Mauricio Ceballos, Andrés Londoño, Sandra Botero, Alba Ibarra, Juan Carlos Botero, Rina Rebollo, Germán Ortegón, Jaime Angel, Don Ivan, Doña Flor, Oscar Guerrero, María Marta, Robin Rada, y otros tantos que con su afecto, solidaridad, y autenticidad, me han mostrado una patria enorme y sincera de la cual también estar orgullosa.
lunes, 25 de febrero de 2008
Escribir
Le escuché decir:
- no se puede escribir sin haber leído.
y recalcó:
- el que quiera escribir, tiene que leer, y mucho.
Se escribe por herencia, por convicción o por afición, pero escribir bien, eso, eso cosa de artistas. Afortunadamente el talento humano que nos lleva a expresarnos con correcta sintaxis les fue otorgado a muchos, pero la exquisita elocuencia o la creatividad infinita es virtud de pocos, ¡Gracias a Dios!.
¿Puede alguien imaginar un mundo invadido por las muestras de los grandes de las letras?. Abrir tu cuenta de correo y en vez de los incansables “ no deseados” que nos venden desde cursos paras ser un vendedor eficaz, hasta una pastillita para la disfunción eréctil nos encontráramos escritos firmados por, Sábato, García Márquez ó Rómulo Gallegos. Cuantos egos a quien rendir tributo, o quizás cuanta vulgar palabrería primorosamente escrita, que por fortuna o condena nos tocaría a la puerta.
Me confieso ser partidaria de la premisa de la lectura necesaria, el arte es arte, y con el se nace o no. Yo soy de las que no y por eso le grito a Dios ¡Si no me castigaste con la elocuencia por qué no me abarrotas con las buenas letras de otros y las introduces silenciosamente cada mañana bajo mi puerta!
- no se puede escribir sin haber leído.
y recalcó:
- el que quiera escribir, tiene que leer, y mucho.
Se escribe por herencia, por convicción o por afición, pero escribir bien, eso, eso cosa de artistas. Afortunadamente el talento humano que nos lleva a expresarnos con correcta sintaxis les fue otorgado a muchos, pero la exquisita elocuencia o la creatividad infinita es virtud de pocos, ¡Gracias a Dios!.
¿Puede alguien imaginar un mundo invadido por las muestras de los grandes de las letras?. Abrir tu cuenta de correo y en vez de los incansables “ no deseados” que nos venden desde cursos paras ser un vendedor eficaz, hasta una pastillita para la disfunción eréctil nos encontráramos escritos firmados por, Sábato, García Márquez ó Rómulo Gallegos. Cuantos egos a quien rendir tributo, o quizás cuanta vulgar palabrería primorosamente escrita, que por fortuna o condena nos tocaría a la puerta.
Me confieso ser partidaria de la premisa de la lectura necesaria, el arte es arte, y con el se nace o no. Yo soy de las que no y por eso le grito a Dios ¡Si no me castigaste con la elocuencia por qué no me abarrotas con las buenas letras de otros y las introduces silenciosamente cada mañana bajo mi puerta!
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Los Héroes de Bavaria
Todos alguna vez hemos escuchado que alguien dijo algo que otro dijo, pues yo le escuché decir a una amiga que un amigo de ella decía: “¡En este peo alguien va a tener la culpa y ese no voy a ser yo!”, y creo que este dicho tan folklórico encaja perfecto con el Doctor Mauricio García Villegas, Profesor de la Universidad Nacional de Colombia e investigador de DeJusticia, El Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad . ¿Por qué lo digo? Hace unas semanas el diario El Tiempo publicó en sus páginas de opinión un artículo titulado “Los Héroes de Bavaria” y firmado por el antes mencionado. En el texto no se crítica la propuesta de la otrora Cervecera Colombiana Bavaria (ahora de SABMiller) de presentar en la publicidad de la marca Pilsen a la gente de las clases obreras y campesinas, y bien se aclara que el tema no es un reclamo moral por la discriminación, de hecho en el texto se justifica que la empresa es libre de vender su producto a quien quiera. El cuento en el artículo se alarga para al final terminar hablando de, las consecuencias del alcoholismo y no de sus causas, señalando cual dedo acusador a los medios de comunicación de ser partidarios de ello y no cumplir con su función de responsabilidad social al permitirse transmitir y anunciar estas piezas publicitarias y por último le dá bate a quien tenía que darle bate, al responsable de las “escasas” políticas de regulación de uso del bien público que es el espectro electromagnético, sin embargo yo, que vengo del país de los batazos y no de béisbol en asuntitos de regulaciones para el uso de ese bien común, tengo mis discrepancias al respecto.
Sin ser una erudita en el tema, y Dios me libre de serlo, es más que evidente que el consumo de alcohol y para el caso de cerveza no tiene nada que ver con cuanto se anuncie o se deje de anunciar en los medios, sino que miren en Venezuela que desde que se aprobó la fulana ley de responsabilidad social en radio y televisión, estos medios tienen terminantemente prohibido transmitir cuñas de bebidas alcohólicas, sin embargo los niveles de consumo no han mermado, de hecho se han mantenido, y como dato extra he de decir que este país ostenta los primeros lugares de consumo de cerveza de Latinoamérica cerca 80 litros per capita, entonces, es culpa de las cerveceras y de su demoníaca publicidad que se consuma tanto del turbio, espumoso y refrescante liquidito?, no lo creo.
Me voy a poner intelectual, según los especialistas no existe una causa común para el alcoholismo, pero si afirman que hay varios factores pueden desempeñar un papel importante en su desarrollo, la herencia genética, la ansiedad, una depresión en curso, conflictos, baja autoestima; y entre los factores sociales están la disponibilidad del alcohol y la aceptación social del consumo de alcohol, es decir, que este último tiene mucho que ver con un tema de cultura, pero no es allí donde me quiero detener; hago referencia a lo anterior puesto que si bien no veo con buenos ojos la proliferación del alcoholismo en ningún estrato social, tampoco puedo ver con buenos ojos el que muy cómodamente se diga que tal o cual tienen culpa, cuando aspectos como la deficiencia en las escasas estrategias sociales (sobre todo para los estratos bajos) y el desempleo , que si producen ansiedad, baja autoestima y depresión, son responsabilidad de quienes en su cúpula de intelectualidad sacada de un aula universitaria dirigen y asesoran la gestión pública. Señores empecemos a mirar la torre que tenemos delante y nos opaca la visibilidad, ¿hasta cuando la culpa de de otro?.
Sin ser una erudita en el tema, y Dios me libre de serlo, es más que evidente que el consumo de alcohol y para el caso de cerveza no tiene nada que ver con cuanto se anuncie o se deje de anunciar en los medios, sino que miren en Venezuela que desde que se aprobó la fulana ley de responsabilidad social en radio y televisión, estos medios tienen terminantemente prohibido transmitir cuñas de bebidas alcohólicas, sin embargo los niveles de consumo no han mermado, de hecho se han mantenido, y como dato extra he de decir que este país ostenta los primeros lugares de consumo de cerveza de Latinoamérica cerca 80 litros per capita, entonces, es culpa de las cerveceras y de su demoníaca publicidad que se consuma tanto del turbio, espumoso y refrescante liquidito?, no lo creo.
Me voy a poner intelectual, según los especialistas no existe una causa común para el alcoholismo, pero si afirman que hay varios factores pueden desempeñar un papel importante en su desarrollo, la herencia genética, la ansiedad, una depresión en curso, conflictos, baja autoestima; y entre los factores sociales están la disponibilidad del alcohol y la aceptación social del consumo de alcohol, es decir, que este último tiene mucho que ver con un tema de cultura, pero no es allí donde me quiero detener; hago referencia a lo anterior puesto que si bien no veo con buenos ojos la proliferación del alcoholismo en ningún estrato social, tampoco puedo ver con buenos ojos el que muy cómodamente se diga que tal o cual tienen culpa, cuando aspectos como la deficiencia en las escasas estrategias sociales (sobre todo para los estratos bajos) y el desempleo , que si producen ansiedad, baja autoestima y depresión, son responsabilidad de quienes en su cúpula de intelectualidad sacada de un aula universitaria dirigen y asesoran la gestión pública. Señores empecemos a mirar la torre que tenemos delante y nos opaca la visibilidad, ¿hasta cuando la culpa de de otro?.
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